Cartas de amor para mi novio
Escribir a tu novio no tiene por qué ser un poema: basta con contar lo que sientes con tus palabras. Aquí tienes once cartas originales, desde las tiernas hasta las que hacen llorar, con alguna para San Valentín y otra, más difícil, para un ex.
Toca una carta y aparece en la tarjeta. Cambia el fondo, pon su nombre y envíala por WhatsApp.
- Hola, mi amor: Quería escribirte algo que pudieras guardar, porque los mensajes se borran y las cartas se quedan en los cajones. Así que aquí van, sin orden, las cosas que siento. Me encanta cómo me miras cuando crees que no me doy cuenta. Me encanta que te rías de tus propios chistes antes de acabarlos. Me encanta tu manía de cantar mientras buscas las llaves, aunque llegues tarde y yo ponga cara de resignación. Antes de ti pensaba que el amor era una cosa de grandes gestos, de sorpresas y fuegos artificiales. Contigo he entendido que es lo contrario: es que me guardes el último trozo de pizza, que me preguntes cómo ha ido la entrevista, que me lleves el abrigo cuando salgo con frío. Gracias por ser tan tú. No cambies, que me gustas así. Te quiero muchísimo, Carla
- Mi vida: No sé si lo sabes, pero hay noches en que me quedo despierta mirándote dormir, solo para comprobar que existes. Suena exagerado, ya lo sé. Pero es que a veces me parece demasiado bueno para ser verdad que alguien como tú me haya elegido. Recuerdo el día que te conocí. Llevabas una chaqueta azul y no parabas de mover la rodilla porque estabas nervioso. Yo pensé: qué chico más raro, y qué ganas de conocerlo. Casi tres años después, sigo con las mismas ganas. Contigo he llorado de risa y he llorado de verdad, y las dos cosas han sido más bonitas porque estabas tú. Me has sostenido cuando he tropezado y me has dejado crecer sin hacerme sentir pequeña. Si algún día olvido decírtelo, léete esta carta: eres lo mejor que me ha pasado, y no lo cambiaría por nada del mundo. Tuya para siempre, Nerea
- Mi amor: Te escribo esta noche desde la cama, con el móvil apagado y el corazón demasiado lleno. Hoy me has dicho que a veces piensas que no me mereces. Y me he quedado sin palabras, porque la verdad es justo la contraria. Soy yo quien no sabe cómo agradecerte. Por cada vez que me has esperado en la estación bajo la lluvia. Por cada tarde que has dejado tus planes para escucharme llorar por una tontería. Por no soltarme la mano en el hospital cuando mi abuela estaba mal y yo no podía ni hablar. Eres el chico que me hace sentir en casa, aunque estemos en un sitio que no conocemos. Y si hay algo que no sabes todavía es que, cada día, me enamoro un poquito más de ti, casi sin querer. No vuelvas a decir que no me mereces. Me haces mejor persona, y eso no es poca cosa. Te quiero, Irene
- Querido Mario: Mañana es San Valentín, y sé que tú dirás que es un invento comercial y yo diré que no importa, que me hace ilusión de todas formas. Por eso te escribo, para no discutir con una cena de por medio. Quiero decirte que no necesito flores ni bombones. Lo que de verdad me gusta de ti son las cosas que haces sin darte importancia: poner música mientras cocino, taparme los pies con la manta cuando me duermo en el sofá, mandarme una foto de un perro porque te recordó a mí. Eres un romántico disfrazado de escéptico, y yo te descubrí hace tiempo. Ya no puedes engañarme. Así que feliz San Valentín, aunque sea un día más. Con ganas de que haya muchos más días como este, de esos que no necesitan fecha. Con todo mi cariño, Paula
- Mi chico: Estamos a mil kilómetros y, aun así, nunca te he sentido tan cerca. Te lo digo porque ayer, mientras hablábamos por videollamada y tú te quedabas dormido con el portátil en la barriga, pensé que esto es el amor: querer a alguien incluso cuando no se puede tocar. Hay días en que me cuesta. Echo de menos tus abrazos de oso, tus bromas malas, hasta tu forma de dejar los platos a medio fregar. Hay días en que quiero coger un tren sin avisar y presentarme en tu puerta. Pero también sé que esto es temporal. Que dentro de unos meses estaremos juntos, y que esta espera nos habrá hecho más fuertes, más cuidadosos con lo que tenemos. Mientras tanto, sigo contando los días con una cruz en el calendario. Y cada cruz es un día menos. Hasta pronto, mi amor. Lorena
- Querido Adrián: Hace una semana que discutimos y aún me pesa. No te escribo para ver quién tenía razón, sino para decirte que me importa más lo nuestro que ganar. Me dolió lo que dijiste, pero me dolió más lo que callé. Tengo la mala costumbre de guardarme las cosas hasta que explotan, y tú pagas las consecuencias. Quiero cambiarlo. Quiero decirte lo que me molesta cuando me molesta, y no con una pelea de por medio. Te echo de menos, de verdad. Echo de menos tu voz diciendo buenas noches, tu pierna enredada en la mía, tu forma de aparecer por la puerta con cara de culpable cuando sabes que la has liado. Si me dejas, quiero volver a empezar la conversación desde el principio, con calma y con un café. Te estaré esperando. Con todo mi amor, Sara
- Mi amor, mi niño: Hoy se cumple un año desde que me dijiste que sí en aquel banco del parque, con el nerviosismo de quien pide algo enorme. Yo no sabía que iba a ser el mejor año de mi vida. Hemos aprendido mucho. Que tú necesitas silencio al llegar a casa y yo necesito hablar. Que tú eres de ahorrar y yo de gastar. Que discutimos por cosas tontas y nos reconciliamos con una sola mirada. Y que, a pesar de todo, siempre queremos volver al mismo sitio: el uno al otro. Quiero que el próximo año sea todavía mejor. Con viajes, con planes locos, con tardes de sofá. Con más risas que prisas. Gracias por tu paciencia, por tu ternura, por tu forma de quererme sin hacerme sentir presionada. Feliz aniversario, mi vida. Esto solo acaba de empezar. Tuya, Beatriz
- Hola, mi cielo: Hoy es tu cumpleaños y estás en medio de los exámenes, pero quería que tuvieras una carta para cuando salgas de la biblioteca, cansado y con la cabeza en otro sitio. Quiero que sepas que estoy muy orgullosa de ti. De cómo te esfuerzas, de cómo no te quejas, de cómo, aun con la agenda llena, encuentras un hueco para preguntarme qué tal estoy. Eso dice mucho de quién eres. Te deseo un año de buenas noticias, de menos estrés, de más días en los que puedas apagar el móvil y mirar el cielo. Y que yo esté a tu lado para verlo. Cuando acabes, te llevaré a ese sitio de tortitas que tanto te gusta. Pero hasta entonces, ánimo. Tú puedes con todo. Feliz cumpleaños, mi amor. Te quiero muchísimo. Julia
- Mi vida: Tengo que contarte algo que me da un poco de vergüenza. Cuando te conocí, pensé que lo nuestro no duraría. No por ti, sino por mí, que siempre salía corriendo cuando las cosas se ponían serias. Pero tú no te asustaste. Esperaste, sin presionar, con esa paciencia tuya que todavía me desconcierta. Y poco a poco me fui dando cuenta de que quedarme era más fácil que irme, y mucho más bonito. Ahora, cuando pienso en el futuro, te veo en todos los planes: en la casa con jardín, en los viajes que aún no hemos hecho, en las discusiones tontas sobre qué ver en la tele. Quiero decirte que me quedo. Que estoy dentro, con todo el miedo y toda la ilusión. Que ya no pienso en huir, sino en llegar. Gracias por enseñarme a quedarme. Tu Marina
- Hola, Álex: Sé que no esperabas esta carta. Han pasado ocho meses y quizá piensas que ya no tengo nada que decirte. Pero hay cosas que se quedaron atascadas y quiero soltarlas, aunque sea en papel. Te quise de verdad. Eso quiero que lo sepas, porque entre los gritos del final se nos olvidó. Me acuerdo del primer verano, de las noches en la azotea, de aquel viaje en el que nos perdimos y nos reímos tanto que nos dolía el estómago. Terminamos mal, y gran parte fue culpa mía. No supe cuidar lo que teníamos, y tú te cansaste de pedírmelo. Lo entiendo ahora. No te escribo para que vuelvas. Te escribo para decirte gracias por lo bueno y perdón por lo malo. Y para desearte, de corazón, que seas muy feliz. Cuídate mucho. Silvia
- Mi amor: Últimamente me pregunto qué tienes tú que hace que todo me parezca más fácil. Quizá es tu forma de escuchar con los ojos, o la calma con la que dices que todo tiene solución, o ese olor a champú y a ti que me tranquiliza. Hoy ha sido un día de esos largos, de reuniones y prisas. Y cuando por fin he llegado a casa y te he visto en el sofá, con la manta y el mando de la tele, me ha dado un vuelco el corazón. Pensé: ya estoy en casa. Eso quiero que sepas: que tú eres mi casa, estés donde estés. Que mi sitio favorito es a tu lado, aunque sea haciendo nada. Gracias por esperarme, por no pedirme nada, por quererme tan bien. Te quiero hoy, mañana y cuando se me olvide cómo se dice. Ana