Poemas tristes de amor

No todo amor sale bien, y poner en versos lo que duele ayuda a soltarlo. Aquí hay poemas sobre despedidas, amores imposibles, deseos que no se pueden confesar y cariños que no se devuelven, con un par de fragmentos de clásicos que ya lo dijeron mejor.

Toca un poema y aparece en la tarjeta. Cambia el fondo, pon su nombre y envíala por WhatsApp.

  1. Hice las maletas despacio, por si decías que no te fuera. Dos calcetines, un libro, tu camiseta. Cerré la puerta. No dijiste nada.
  2. Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán.
    Gustavo Adolfo Bécquer, Rima LIII
  3. Te quiero en un idioma que tú no hablas. Por eso ni lo intentas traducir y yo me quedo mirándote sin decirlo.
  4. Amor imposible, así lo llaman. Yo lo llamo martes por la tarde, cuando miro el móvil por si escribes sabiendo que no vas a escribir.
  5. Nos queríamos bien, y no bastó. Eso es lo que nadie cuenta: que se puede amar con ganas y aun así perder la casa.
  6. Hoy tropecé con tu nombre en una canción que no era nuestra. Y aun así sonó a ti. Qué pesado es el eco de lo que se fue.
  7. No eras mío ni yo tuya, y duele igual. Esos amores sin nombre son los que más cuesta enterrar.
  8. Tú me mirabas como se mira un paisaje, bonito, de paso. Yo te miraba como se mira la última luz de la tarde.
  9. Si muero, dejad el balcón abierto. El niño come naranjas. (Desde mi balcón lo veo.)
    Federico García Lorca, Despedida
  10. Hay un lado de la cama que ya no se deshace. Hay una taza que nadie usa. Hay una calle que evito para no cruzarme con lo que fuimos.
  11. Si volvieras, no sé qué diría. Quizá nada, quizá todo. Pero el sitio donde estabas sigue guardando tu forma.
  12. No es que no te perdone. Es que aún no me perdono haber creído que esto podía durar con tan poco cuidado.
  13. Nos dijimos adiós sin dramas, como quien cierra un grifo. Después, en casa, el agua siguió goteando por dentro.
  14. Quererte a escondidas es como guardar un fuego en un bolsillo: se agradece el calor y se teme la quemadura.
  15. Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer.
    Rubén Darío, Canción de otoño en primavera
  16. Ayer vi a alguien con tu abrigo y se me paró el mundo medio segundo. Luego, al darse la vuelta, no eras tú. Nunca lo eres ya.
  17. Cuánto pesan las cosas pequeñas cuando ya no hay quien las comparta: una broma, un plan, una foto, la luz de tu risa en el pasillo.
  18. Aprenderé a quererte de lejos, sin llamadas, sin nombre, como se quiere a una estrella que se apaga y aun así guía.

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